jueves, 29 de octubre de 2026

SUPERIORIDAD MORAL

Hoy me salgo de nuestros divertidos mundos y me pongo un poco serio, desconozco la razón.

Asisto atónito a continuos mensajes de personas que dicen tener superioridad moral sobre otras. Generalmente cuando entras en debate profundo y subiendo un par de puntos el volumen conceptual de la conversación, suelen derrumbarse como un castillo de naipes en la misma charla. Pero se está estableciendo una corriente muy habitual de gentes que se creen que tienen, por su ideología, forma de entender la vida, acepción política y jarandazas de esta alcurnia, una posición en un podio un poco por encima de los demás.

Hay personas y personajes que se creen, de verdad se lo creen, que sus valores, principios o acciones son éticamente superiores a los del vecino. Y esto tiene implicaciones. Cuando una persona se posiciona en esa superioridad moral tiende a juzgar, no a escuchar, lo que anula un debate calmado y maduro. Es como que nada tiene que entender y oir de alguien inferior, de catadura poco estimable. Tampoco ayuda esta actitud a comprender lo que ocurre y el paisaje en el que se desenvuelve la otra persona, no hay esfuerzo en entender, reflexionar y empatizar (de empatía andan flojicos). Yo siempre digo lo mismo, la única cosa en la que creo es en la fuerza de Ley, negro sobre blanco, todo lo demás son mundos subjetivos a los que hemos llegado desde diferentes culturas familiares, sociales.... en otras latitudes es moral lo que aquí no lo es y viceversa.

Obviamente esto cristaliza en una engañosa relación, no de igualdad y respeto mutuo, sino de jerarquía y mando, ya que uno que se cree moralmente superior está por encima del vecino, generando todo tipo de reacciones negativas en la persona interlocutada. Porque todo lo que hace el superior moral está lleno de luz y verdad, sus errores son por las circunstancias y el entorno, en cambio los de los demás se atribuyen a su personalidad y falta de catadura moral.

En mi opinión estas personas, que se creen superiores moralmente, son carentes de identidad, inseguras e intentan ejercer control sobre un grupo o colectivo, todo desde un mecanismo de defensa fruto de su baja autoestima e íntimos complejos. Tampoco ven ni reflexionan las cosas con la profundidad que muchas veces requieren, son rígidos, no hay matices, no hay grises, solo un simplista blanco y negro, soluciones simples a reflexiones complejas. Algunos lo llaman populismo en política.

La mayoría de las corrientes filosóficas, y no quiero parecer un pedante queridos amigos, coinciden en que el que tienen integridad moral no la exhibe ni la utiliza jamás como una herramienta arrojadiza que intenta descalificar al vecino, todo lo contrario, la humildad intelectual y la autocrítica son esenciales en el discurso de una postura ética reconociendo las propias limitaciones que tenemos todos como seres humanos, nuestra capacidad de aprender del que piensa diferente y, por supuesto, que nos equivocamos mucho y a todas horas.

Por eso, siempre en mi opinión, cuando alguien me traslada que tiene superioridad moral, me traslada inmadurez, inseguridad y un mal entendido problema íntimo de una malinterpretada superioridad... además de unas inmensas ganas de ejercer control. Creo que lo más adecuado es huir de este tipo de personas, pueden convertirse en un problema y hacer un profundo daño al vecino. O simplemente intentar apagar con tranquilidad y herramientas básicas combates espurios que a ningún sitio llevan, hay tantas cosas interesantes que hacer que parece poco inteligente y eficaz invertir tiempo en tener un debate creativo con alguien que se cree en posesión de la verdad divina. Cuando uno se hace mayor se da cuenta de la cantidad de energía que ha invertido en intentar conversar con quien no quiere caminar a tu lado si no subirse a lomo y clavar espuela.

Imagen: El País.


 

 





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