Es impresionante como el clima, la humedad y el uso acaban devorando todo tipo de maquinaria y coches en Polinesia Francesa. La orografía de la islas, sin terreno llano interior, la falta de desguaces y el clima se comen de forma inapelable todo este tipo de elementos, llegando, en algún caso, hasta hacer desaparecer la carrocería o carcomerla en casi su totalidad.
La verdad que lejos de quedar mal parece como si fuera un proceso natural. El coche acaba su vida, se aparca en un rincón y dejemos que la naturaleza haga su trabajo.





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