El marketing religioso no deja de sorprenderme, toda artimaña vale para captar la atención del despistado individuo que vive una existencia vacía y extraña, alejada de la verdad. Como presidente de turno de la comunidad de vecinos, delicioso cargo que todos esperamos con ansia regentar alguna vez en nuestras vidas, me han dejado en el buzón un sobre, old school, escrito a mano, a mi atención. Es raro eso de una carta a escrita a mano con caligrafía de otros tiempos. Dentro, una sencilla hoja en la que una tal Pilar se preocupa por el sufrimiento de uno y me explica que hay esperanza, además de invitarme a llamarla a un móvil y reunirme en cónclave con otras personas, que como yo, andan errantes en el páramo de la desidia espiritual. Vaya currada la de Pilar, porque escribir a mano y dejar una carta en cada comunidad de vecinos tiene mucho mérito.... eso sí, consigue que uno haga algo que, con otro tipo de publicidad no habría hecho, que es leer la misiva. Vaya peligro Pilar.

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