lunes, 6 de abril de 2026

¿DE QUIÉN SON NUESTROS DÍAS?. LA GRAZIA Y EL CINE DE PAOLO SORRENTINO

Paolo Sorrentino me obliga a ir al cine, y se lo agradezco. Cada cierto tiempo, Wes Anderson y el napolitano me pegan un buen puntapié en el trasero y me empujan a ir a versiones originales en horas difíciles en la quinta puñeta cinematográfica, pero nunca me defraudan.

No voy a hacer una "valoración" yo del cine de nadie a estas alturas, ésto es como todo, para gustos los colores, sí puedo acreditar que el cine de este italiano me resulta, siempre, una epifanía renovadora, me devuelve la fe en estas cosas, disfruto cada fotograma. La Grazia es un campeonato de emociones, un banquete degustación de lo mejor del gran director, volcado en las espaldas de un soberano Tony Servillo, su actor fetiche, y un conjunto de actores que emocionan, con los que creas filias inmediatas y que se quedan en la retina y el cerebro. Me encantan cuando te rompe la cabeza, el plano y el címax emocional con un gag o una sorpresa musical, tecnológica o disruptiva 100%, me fascina. Cada escena es como una catársis pictórica, como esa cena de los militares alipinos, los encuentros con el Papa (la Iglesia siempre revoloteando) o los diálogos sobrios con su guardaespaldas.

Sale uno renovado de la sala, como punzado, con ganas de leer, de hacer cosas, de viajar a Roma, de ver todo su cine de nuevo. Si el cine es emoción Sorrentino tiene el zurrón lleno de dósis de ese preciado elixir, qué tío, qué envidia me da, vaya creativo, vaya trabajo de relojería y vaya cabeza tiene, admirable.

Siempre tiene esa frase que acaba tatuada en tu cerebro, en "Fue la mano de Dios" me quedé con ese "¿Tienes algo que contar?", en ésta uno se queda con ese "¿De quién son nuestros días?", protagonista de buenos momentos de la cinta. Gracias Sr. Sorrentino, los 8 euros mejor gastados del año.





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