En los tiempos de buenismo que corren tener a un Furillo es tener un tesoro. De Zaragoza tenía que ser. Siempre cercano, sencillo y colega, gracias por existir chaval. Para mi, tener entre manos un tebeo como éste, de esos que se los pasas a un compañero/a de trabajo y les produce un sarpullido o una lipotimia es agua bendita. Sin cortapisas, sin ostias, a muerte, desde el titular hasta la última viñeta. Puto blanco y negro, sin tablets, ordenatas ni tonterías, pincel y lápiz, pajas, escatología, política, religión, reventando todo tipo de cliché de forma tan gruesa como el pincel o la tinta del trazo.
Nunca estará en primera línea en el expositor de la tienda cómics más que nada por no comprometer al cliente culto, elitista y estirado (vamos el gilipollas), pero uno que conoce el percal y sabe cuando aparece un poco de foie en el buffet libre de la mediocridad, elige Furillo.
Hay que romper cabezas, desasosegar el cuerpo, la mente y la testosterona, reírse de todo lo que se mueve y comprarle el tebeo al maño brillante que nos hace felices. Tenemos que sacudir la coctelera, aplaudir a Autsaider Comics y a nuestro vecino por la valentía. Hace un par de días me lo encontré por la ciudad y le pregunté por "¿Cómo van las ventas¿" ... me respondió: "Es un gran éxito, es lo que siempre digo". Pues eso, vayan a su tienda habitual, se agotará.




