Lamentable. Esta ciudad pone a prueba a los humanos, lo tengo claro. Pasamos del frío heavy metal al viento infame a torrarnos a 32 grados a una lluvia miserable, por supuesto acompañada de una insoportable carrerita matinal, vociferante y timbalera (no entiendo nada). Llueve, no habrá rastro pero la carrera no te la quita ni Carl Lewis. San Bruno de mínimos, dos puestos miserables y uno de ellos es de un vendedor con el que no tengo relaciones internacionales así que volando a otra cosa.
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