



No es una gran instalación, ni goza de las últimas tecnologías, pero este espacio, ubicado a las afueras de Andorra (Teruel) es un lugar interesantísimo de visitar, por muchos motivos.
No hay casi nadie, y la amable taquillera-guía-fan que allí anda solita se dedica en cuerpo y alma, y con auténtica y erudita devoción, a explicarte cuanto quieras saber (lo sabe todo) sobre la dura vida de los mineros. Ella es hija de minero, y lo vive de manera especial. El museo es un lugar singular, pero hecho con mucho cariño. Sin grandes empresas asesoras ni presupuestos millonarios han distribuido, en varios espacios, todo lo que los mineros de la zona han conservado en casas y almacenes... objetos REALES, usados: herramienta, botiquines, teléfonos, piecerío, taladros, linternas, tecnología... todo genial, todo tocable.... planos, mesas, monos, ropa.... una maravilla.
Impresionante la colección de máquinas, y más impresionante saber como la guía defiende la gestión de Endesa y cómo esta empresa cuidó de los mineros y sus vidas, y también del entorno, nada que ver, según la guía, con lo que ocurre en minas del norte de España.
Empiezo mi crónica con la bonita colección de teléfonos utilizados en las minas y otros espacios... alemanes, británicos, sólidos y robustos. Una preciosidad.