El rastro de Tarragona de los domingos, aledaño a la Catedral, otrora fabuloso, languidece poco a poco con una oferta difusa y, cada día, un poquito menos divertida. Pero no se dejen engañar ustedes, siempre sorprende con alguna extraña pieza, como es el caso que nos ocupa. Tres pequeños y baratísimos ítems con mucha categoría y al precio de este rastro, casi cero, la esencia pura de la búsqueda de cosas importantes. Los Madelman no, esos, aunque bastante vulgares, estaban a precio de caviar.
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