Cada verano me gusta dedicarlo a un buen cineasta, este de 2026 va a ser al maestro Woody Allen. Ando un poco desconectado de sus últimas propuestas, no muy bien recibidas por crítica y público, seguramente serán interesantes pero Woody, gracias a Dios, es un producto del siglo XX.
Y lo digo con admiración. Aquellos tiempos a los que se dedicaba espacio y oportunidad a películas basadas en extraordinarios diálogos, guiones llenos de profundidad, emociones, complejidad cuidada pero no pedante, todo ello trufado con elencos de actores que hacían de sus personajes algo transcendente e insuperable. No digo que no existan propuestas así hoy en día, quizás es que tuve la suerte de cruzarme con éstas en su momento desde muy chaval y eso me hace tenerles especial apego.
Nos encontramos con Allen en los 70, en los veranos proyectaban sus películas primigenias, comedias casi todas, en cines como el Palacio, ir a verlas era maravilloso. Fue la época de "Toma el dinero y corre", "Bananas", el "Dormilón" o "Sueños de un seductor". Desde entonces Woody Allen ha formado parte de mi vida.
Más tarde uno se encuentra con películas como "Interiores", "Annie Hall", "Manhattan", "Hannah y sus hermanas", "Septiembre", "Historias de Nueva York", en fin, material supremo que me sigue emocionando. Estos días hemos empezado con tres piezas de peso, o a mi me lo resultan; incómodas, magistrales, una delicia volver a pasear por "Interiores" o "Hannah y sus hermanas", o "Septiembre". Seguiremos el paladeo lento y parsimonioso, nada de atracones, poco a poco, por parte de la filmografía de estigmatizado y odiado Woody, repudiado en medio mundo.
Hablemos de cine, su maestría, técnica y cuidado en sus trabajos, textos, puesta en escena, dirección de arte, concepto, cuidado en el detalle, amor por su hábitat, aunque se hayan visto decenas de veces, lejos de decaer, mejoran, como un buen vino, y es que los monstruos, sus monstruos, la infidelidad, la muerte, los problemas mentales, la creatividad, las neurosis, todo ello regado con pinceladas de humor brillante, son también los nuestros y uno, casi siempre, se reconoce en alguno de sus desdichados personajes.

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